Ya han pasado
la media hora, y estoy mirándome en el espejo nerviosa, cuándo él pica a la
puerta. Entonces me doy cuenta de que tengo las manos rojas de tanto
apretármelas, ¡Mierda! Voy corriendo hacia la puerta ya que no le quiero hacer
esperar, y cuándo le abro le veo ahí plantado, con unos tejanos oscuros, una
camisa lisa de color azul cielo y una chaqueta de cuero negra. Pero lo que más
me gusta de todo es la sonrisa de oreja a oreja que me dedica… No esperaba
menos de él. Me dice que estoy muy bella, y me sonrojo, no puedo evitar bajar
la mirada, me cuesta demasiado sostenerla.
-¿Y a dónde
quieres ir?- Me pregunta
-¿Te gustaría
ir a Barcelona centro?
-Por mi
genial.
Salimos de la
embocadura del metro de plaza Cataluña, y nos adentramos a las ramblas.
Charlamos sobre nuestros amigos, y al final acabamos en el mismo tema incómodo
de siempre, hablando de ex’s. Como no, nunca puede faltar el mismo maldito
tema, entonces empiezo a recordar la relación que tuve con Marcos, una relación
que me fastidio muchísimo y del que no quiero volver a saber nunca de él nunca
más. Noto que Miguel me observa fijamente.
-
Estás
triste.
-
¿Tanto
se me nota?
-
Tienes
que pensar que lo que paso con ese idiota no volverá a pasar, no puedo soportar
esa mirada tan triste. El no se merece tu tristeza.- Le veo con una mirada tan
sincera, que me hace sentirme firme, segura. Y no puedo evitar sonreír de
nuevo.
-
Quiero
seguir el paseo.
-
Me
parece bien.
Caminamos
por las ramblas, lleno de paraditas, cuándo veo una violeta que me fascina. El
se da cuenta y corre a la parada a comprármela.
-
Es
para ti.
-
Veo
que no te andas con rodeos.- Le contestó aceptando la violeta encantada. Le
agradezco con un abrazo, y amo la forma con la que me rodea con sus brazos, me
hace sentir protegida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario